2. El Hombre como Ser Biológico con Características Especiales


2.1. El Hombre como Ser Corpóreo
La naturaleza del ser humano es dinámica, activa, creativa y compleja. Sin embargo, no es posible elaborar una lista de rasgos que describan su esencia colectiva, pues los individuos son producto de la cultura y de la adaptación al medio. No obstante, se pueden distinguir tres aspectos importantes que forman parte de los humanos como seres vivos racionales:
a)      el ser biológico
b)      el ser psicológico
c)      el ser social

Entonces hablaríamos de un ser biopsicosocial.

A principios del siglo XX se consideraba que el hombre era un ser esencialmente biológico, es decir, un ser vivo que nace, crece, se reproduce y muere. Sin embargo, poco a poco, científicos y pensadores pusieron en duda lo anterior, sacando a relucir la complejidad de la mente y la influencia de las estructuras económicas y sociales en el individuo, respectivamente. Como consecuencia, el ser humano comenzó a reinterpretarse desde diversas perspectivas.

Producto de la reinterpretación del ser humano es el descubrimiento de la dimensión psicológica, que estudia la parte de los procesos mentales, conscientes e inconscientes, y la social, que abarca las dimensiones cultural e histórica del ser. Si bien en el análisis teórico es posible separar las dimensiones para su mejor comprensión, en la vida cotidiana se observa una articulación constante y necesaria de las tres.

Podríamos considerar al ser humano como una entidad biológica constituida por un cuerpo físico, un cuerpo energético-vital y una psyché, o animidad, propia de un animal muy desarrollado, y cuya estructura meramente biológica coincide tanto con los planteamientos evolucionistas darwinistas como con los creacionistas, el hombre como ente biológico de por sí constituye un universo, esta pretensión que pareciera ser excesiva no lo es ciertamente, pues es tanta la originalidad de nuestra naturaleza, en la que se combinan propiedades que no compartimos con ningún otro ser vivo, como lo que es específico del hombre, la palabra humana, es decir, el lenguaje que surge del genio de la especie y que es, a la vez lengua y pensamiento y permite las funciones humanizantes del hombre para transformar el mundo con la ciencia, que poco a poco domina la naturaleza y con la subjetividad que por medio de lo artístico.

Desde antiguo se consideraba el hombre como un ser constituido por cuerpo (soma para los griegos y corpus para los romanos y por extensión en el medioevo europeo) y de alma (psyché para los griegos y ánima para los romanos y por extensión en el medioevo europeo); es decir, se nos presenta la cuestión en forma de dicotomía: «cuerpo-alma». Para Aristóteles (filósofo pos socrático, discípulo de Platón y éste anteriormente discípulo de Sócrates), esta dicotomía la relaciona con la de «sentidos-inteligencia», por lo que considera el alma como la parte en donde se procesa lo que se percibe a través del cuerpo.  La psyché podría ser el nous de Anaxágoras (filósofo presocrático), el cual lo considera como la mente o la inteligencia; sobre ello, Plotino (filósofo neoplatónico) lo explica con una analogía con la luz que nos ilumina para vernos a nosotros mismos.

En la Edad Media, nos encontramos con la tricotomía: cuerpo-alma-espíritu. Este último era considerado como el elemento vital del ser humano, el cual fue insuflado (inspiración) por intervención divina. Al ser esto un tema concerniente a la Antropología Teológica, no obstante, ha servido de concepción en el pensamiento filosófico medieval y se ha extendido hasta nuestros días. Según esto, el hombre, al morir, exhala el aire o el soplo divino que le había sido insuflado como principio vital (expirar).

Retomando esta última concepción, deduciríamos entonces que al morir el hombre, su espíritu sale de él, dejando al cuerpo sin vida; éste, como elemento corruptible, se desintegraría con el tiempo y su alma permanece inmortal transmigrando hacia un estadio superior (tricotomía cuerpo-alma-espíritu).

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